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Colectivo Ciudadano Carrillo Puerto

En calles y zócalo, la protesta

El verdadero pueblo salió a protestar, afirman; los acarreados, burócratas y policías, en El Fortín

LUIS IGNACIO VELÁSQUEZ

Fotos: MARIO JIMÉNEZ LEYVA

La fiesta de la Guelaguetza, la celebración de los pueblos oaxaqueños, transmutó ayer por las calles en protesta. La algarabía en consigna. La música del cerro del Fortín no fue suficiente para acallar las miles de voces que exigían la libertad de los presos políticos y castigo a los responsables de los asesinatos ocurridos durante el conflicto social.

Los vivos colores de la fiesta no lograron ensombrecer los cuatro carteles con la efigie de Flavio Sosa, líder de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO), que encabezaban la movilización. La parodia no logró suplantar la realidad.

La Guerraguetza, como lo definen los mismos maestros de la sección 22 del Sindicato Nacional de los Trabajadores de la Educación (SNTE) e integrantes de la APPO, no impidió la celebración oficial; pero, en cambio, acaparó la atención de los medios de comunicación, para reiterar que su lucha es pacífica y que es el gobierno del estado quien abusa de la fuerza pública para acallar la protesta social.

La denuncia se convierte en premonición. En la marcha el militante de la CODEP, Jesús Coronel, es secuestrado por cuatro encapuchados mientras desvía el tránsito vehicular de donde habrá de pasar la marcha y dos militares son detenidos por estar supuestamente implicados en los hechos. Más tarde otras quince personas son detenidas por elementos de grupos especiales de los cuerpos policiacos cuando se rezagan en la marcha. La fiesta en el cerro sigue, pero  la represión también.

LA MARCHA

A las 10:00 horas, ya suman miles los profesores y appistas que inician la marcha del crucero de la procuraduría de justicia al zócalo de la capital. Los oradores, uno a uno, denuncian la farsa que se celebra en el Cerro de El Fortín. “Esa supuesta Guelaguetza se está haciendo con acarreados, burócratas y policías, porque el verdadero pueblo está aquí, en la calle, reclamando justicia”.

“Invitamos a las delegaciones que participan en esa parodia que se realiza en el cerro de El Fortín que tomen conciencia, que nada más le están haciendo el caldo gordo a un tirano, a un represor, que afirma que aquí no sucede nada, mientras sus policías y porros atacan al pueblo”.

Las pancartas y mantas para exigir la libertad de los presos políticos son mayoritarias. Pero además su recuerdo también se hace consigna: ¡no estamos todos, faltan los presos!, ¡no estamos solos, faltan los presos!

En la calzada Símbolos Patrios, cuando ya el calor comienza a empapar los cuerpos, un minuto de silencio, en memoria de Alejandro García, se convierte en un cántico épico: “¡Venceremos!”.

Sobre esa avenida la APPO hace otra denuncia. El porro universitario “Krosty”, subalterno de Octavio Cruz Cruz, agredió a unos jóvenes en el Periférico cuando intentaban incorporarse a la marcha. El sicario se desplazaba en una camioneta pick up Lobo, de color rojo. La ostentación y la impunidad son la marca de la casa.

 

EL MÍTIN

La multitud, suficiente quizás para llenar tres veces el cerro del Fortín, evade la confrontación. De Símbolos Patrios camina por el Periférico-Eduardo Mata, para llegar a la calle de Hidalgo y enfilar hasta el corazón de la ciudad.

Las consignas “¡hombro con hombro, codo con codo, la APPO, la APPO, la APPO somos todos!”, “avanzar, avanzar, en la lucha popular”, se intensifican en el lugar, mientras los oradores hacen nuevos recuentos de las agresiones sufridas en los últimos días.

A las 12:50 horas, cuando los convidados a la fiesta oficial regresan del cerro de El Fortín, -algunos, porque los policías tendrán que seguir resguardando el auditorio-, los dirigentes appistas reiteran las demandas: libertad incondicional de los detenidos, castigo a los responsables de los crímenes y la salida de Ulises Ruiz Ortiz del gobierno estatal.

El auditorio Guelaguetza ya está vacío, sin embargo La Plaza de la Constitución rebosa de inconformes. La algarabía se instala ahí, cuando la fiesta oficial culmina. 

 
 
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